Democracias del sur

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15 julio 2017

Democracias del Sur: un reto, un reconocimiento y un compromiso

Democracias del Sur

“Democracia significa antes que nada igualdad: igualdad de poder e igualdad en cuanto a compartir los beneficios y los valores que la cooperación hace posibles.” Sheldon Wolin

Democracias del Sur: un reto, un reconocimiento y un compromiso

Repensar, debatir, dialogar acerca de la democracia y su construcción desde y para el Sur, desde y para América Latina hoy día, implica a la vez  enfrentar un reto, hacer un reconocimiento y adquirir un compromiso.


Enfrentar un reto, porque la adopción del régimen político democrático liberal como “el” modelo de organización social en la mayor parte de los países de la región, más o menos tres décadas atrás –según sea el caso-, no trajo bajo el brazo, como se esperaba, la democratización de los ámbitos económico, social y cultural. Con unos 625 millones de habitantes, América Latina es en la actualidad la región más desigual del mundo, según lo denunciaba la CEPAL a inicios del 2016. La Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas, señaló que para el año 2104 el 10 % más rico de la población concentraba el 71 % de la riqueza regional, y aún más alarmante, se estima que para inicios de la próxima década (2022), de no revertirse esa tendencia, el 99 % de la riqueza regional será concentrado por el 1 % de la población-y el cambio de signo político de los gobiernos en la región que está en curso, hace pensar que esa tendencia, por ahora, lejos de revertirse se verá reforzada. Ante semejante panorama, aparecen como grandes perdedoras las mujeres, los pueblos originarios y las juventudes; pero con una profundización de la desigualdad de esa magnitud, seamos realistas, difícilmente puede hablarse de ganadores. El reto, entonces, continúa siendo el de inclusión de las  mayorías en el disfrute de los beneficios  económicos, políticos, sociales y culturales de vivir en sociedad.


Banderas CELAC

Cancillería Ecuador via Foter.com / CC BY-SA


Hacer un reconocimiento, pues no obstante la desigualdad, durante la década que va del 2003 al 2013, las políticas de inclusión social impulsadas por distintos gobiernos de la región no solamente permitieron la reducción de la pobreza del 42 % al 24 %, esto son 72 millones menos de personas empobrecidas; sino, más importante aún, muchas de esas políticas de inclusión fueron el resultado de cambios en las relaciones entre el poder político y la sociedad –el pueblo-; en donde los gobiernos progresistas intentaron dar respuesta a las demandas –algunas históricas, otras invisibilizadas y otras más, emergentes- a partir de una articulación con los movimientos sociales, generando, de esta forma, nuevos mecanismos o incorporando mecanismos de participación social preexistentes, que ampliaron sustancialmente – aunque no sin errores o dificultades- los límites simbólicos y performativos de la democracia.


Es necesario reconocer, que los proyectos políticos y sociales progresistas que alumbraron desde el sur del continente americano la década y media transcurrida de este siglo XXI lograron, por una parte, poner en evidencia los límites estructurales del proyecto democrático  liberal a partir del cuestionamiento y reconfiguración en cierta medida de la lógica de las relaciones del poder Estado-Sociedad, que, a decir de Álvaro García Linera –actual vicepresidente de Bolivia-, pretende hacer de la política una “réplica de la lógica del mercado”, convirtiendo al ciudadano, en un mero consumidor. Y que, por otra parte, lograron “ampliar el presente”, en el sentido de incorporar en su desarrollo como proyectos sociales, la diversidad de experiencias político culturales invisibilizadas por el pensamiento único neoliberal occidental, sobre todo en aquellos casos en donde se pasó de una estado monocultural a uno plurinacional que reconoce e incluye la heterogeneidad que define a las sociedades en América Latina.


Defensas Perú

Altamar via Foter.com / CC BY-NC-SA


 Un compromiso, pues para ganarle terreno a la desigualdad -tanto económica como política, social y cultural-, será necesario estar dispuestos a sostener un diálogo de saberes que nos permita desarrollar una mirada crítica del camino recorrido, de los avances, de los retrocesos y de lo mucho que aún queda por construir; un diálogo que nos permita analizar y seguir incorporando múltiples experiencias y prácticas de organización y convivencia democráticas presentes en los pueblos originarios, en los movimientos campesinos y cooperativos, en los sectores populares, de mujeres y jóvenes, en los movimientos por la defensa del territorio, los bienes naturales y otras manifestaciones políticas que son herencia viva en el seno de los pueblos latinoamericanos. Un compromiso de aportar en la construcción de nuevas formas de ampliar lo que Boaventura de Sousa Santos llama los “criterios de inclusión” del contrato social, y construir otras democracias desde el sur.


A este compromiso de diálogo es al que la Universidad Nacional de Lanús –UNLa-, busca aportar desde el Programa “Democracias del Sur”, compromiso que lleva adelante a través de diversos encuentros temáticos, publicaciones periódicas y una labor de difusión e intercambio de conocimientos y saberes diversos.